El triunfo de Clio
2.8.03
 
LAS PELÍCULAS (MARCA ACME) DE FU-MANCHÚ

¿Recuerdan las películas de Fu-Manchú, el diabólico genio científico? Aparte de sus valores cinematográficos más que discutibles, resultaron en su día tan populares que alguna expresión derivadas de ellas acabó por formar parte de la cultura popular como la frase: "Más trampas que en una película de chinos." Por supuesto, hacía referencia a las complejas añagazas con que el científico chino intentaba inútilmente eliminar a su enemigo, Nayland Smith, y que acabaron integrándose (ya como parodia) en los dibujos animados del Coyote y el Correcaminos y sus cachivaches marca Acme.

Permítanme mezclar la historia personal de un niño que vio mucho cine en sesión continua con la del adulto que ama la Historia y que continúa siendo, en el fondo, aquel enano gafotas que soñaba desde una butaca desvencijada con aventuras erizadas de peligros. Dos temas aparentemente inconexos, dos grandes pasiones y dos conclusiones, la fascinación por la realidad histórica no es menor que la que siento ante una pantalla de cine y, en contrapartida, los peligros que acechan en la investigación histórica no son menos insidiosos que los tejemanejes de Fu-Manchú.

Podría pensarse que puesto que la Historia dispone de un método no hay mayores problemas. Se aplica y se obtienen unos resultados nítidos e incontrovertibles. En la teoría sería posible. En la práctica existen inmensos problemas como pueden ser las fuentes fragmentarias, contradictorias y/o falsificadas, las confusiones de causas principales con causas secundarias o viceversa, el hecho de que al ser la Historia el estudio de las actividades humanas a lo largo del tiempo éstas pueden no obedecer ni a la lógica ni al raciocinio, que las motivaciones pueden cambiar a lo largo del tiempo de forma que pocas cosas existen más inútiles que el pensar que nuestros antepasados actuaban como nosotros lo hubiéramos hecho en su misma situación, o el azar que nos hace preguntarnos muchas veces ¿qué hubiera pasado si un soldado no hubiera reconocido al fugitivo rey Luis XVI o si un soldado apellidado Hitler hubiera fallecido durante la I Guerra Mundial?

Todo ello sin tener en cuenta el factor humano. Cualquier aficionado a la Historia sabe que se pueden encontrar estudios sobre un mismo tema que ofrecen versiones diferentes. La tentación a someter la verdad histórica a las propias creencias previas está siempre presente. La posibilidad de realizar una investigación errónea bien por una mala Eurística, Crítica o Síntesis es real. Por ello la Historia no es diferente a las demás Ciencias y en todas ellas hay una cuota de equivocaciones que nunca debemos olvidar ni silenciar. Nada de ello supone que las Ciencias sean indiferenciables del mito.

Nadie pone en duda que pese a los "patinazos" de los Rayos N, la Fusión Fría o la Memoria del Agua la Física obtiene resultados que permiten una mejor comprensión del Universo así como aplicaciones prácticas extraordinarias. Lo mismo podríamos decir de la Historia. La diferencia entre el pensamiento científico y el esoterismo es que el primero contiene en sí mismo los mecanismos que permiten la corrección de los errores que otros cometen.

En un magnífico (como casi siempre) artículo, S. J. Gould denunciaba la perpetuación de los errores sobre biología en los libros de texto. Alguien realizó una comparación entre el tamaño de los antecesores de los caballos modernos y una raza determinada de perros. Ésta es copiada por otro que a su vez es copiado acríticamente... hasta que a un autor se le ocurre comprobar su veracidad en vez de seguir con el símil. No creamos en todo lo que veamos impreso. Ejerzamos la crítica no como un fin sino como un medio para diferenciar lo cierto de lo falso o dudoso.

En el celuloide, Fu-Manchú estaba siempre condenado a volver a intentar asesinar a Nayland Smith en una nueva película y el Coyote a intentar comer Correcaminos en una nueva entrega. En la vida real, las trampas sí funcionan y la Historia es parte del mundo tangible.

 
HISTORIA, PARADIGMAS Y DIVERSIÓN

¿La Historia es una Ciencia? Si al hablar de Ciencia consideramos como tal sólo a aquello que podemos reproducir en un laboratorio en condiciones controladas, la respuesta debería ser negativa. No obstante, deberíamos ampliar un poco más la definición, para incluir el concepto de falsación. No debemos considerar como científica a ninguna afirmación que no pueda ser falsada por ningún procedimiento, no sólo en la sala de un laboratorio. Es muy conocida la anécdota de un biólogo al que se le preguntó si la Evolución no era una teoría acientífica por resultar infalsable. La respuesta fue que sí era falsable, para ello bastaría con presentar un fósil de conejo del periodo Cambrico. Por descontado que esa respuesta es también válida para el caso de la Historia.

Con frecuencia se habla de una Historia Oficial, Inmutable en contraste con la Historia Real que, por supuesto, es la que realizan determinados intrépidos investigadores dedicados a echar por tierra todos los paradigmas de la Historia Oficial. Esa afirmación sólo puede provenir de una persona que no tenga ni idea de la historia de la Historia. Veamos un par de ejemplos:

A comienzos del S XX la idea que existía del Homo Neandertalis era la de un bruto deforme, mucho más animal que humano. La razón para esa atribución fue, sencillamente, un error, la descripción de un esqueleto de esta especie sin darse cuenta de que el sujeto había padecido artrosis lo que explicaba las deformaciones que presentaba. Hoy, la concepción que tenemos de esa especie es la de alguien muy semejante a nosotros mismos en todos los aspectos. Incluso se está negando la afirmación tradicional de que el Arte fuera un producto exclusivo de nuestra propia especie. El supuesto paradigma (que no era tal) se vino abajo y nadie se rasgó las vestiduras por ello.

El segundo caso tiene que ver con los megalitos. La opinión más extendida es que los megalitos más complejos de la zona del Egeo y Mediterráneo eran cronológicamente anteriores a los megalitos más sencillos de la fachada atlántica, que serían una degeneración de aquéllos. Fue entonces cuando Colin Renfrew aplicó la técnica del C-14 a los restos orgánicos asociados con el resultado de que era exactamente al revés. Los megalitos más antiguos son los de la fachada atlántica y los mediterráneos son una derivación suya. Nuevamente nadie se lamentó por la destrucción del paradigma.

La descripción de la Historia no es algo cerrado, inmutable. Al contrario, igual que las restantes Ciencias está sujeta a una continua revisión y reescritura, pero para que se adopte una nueva visión sobre un tema determinado existe una condición sine qua non, las pruebas. Y aquí, como iremos viendo en entregas sucesivas, es donde fallan esos intrépidos investigadores a los que hacíamos referencia anteriormente porque lo que presentan como tales no lo son. Oscilan entre la pura y simple falsificación y/o invención hasta las malas interpretaciones de obras de arte, tradiciones...

Ante estas afirmaciones pseudohistóricas, los profesionales de esta materia han solido hacer oídos sordos. Las razones para este silencio van desde la falta de tiempo hasta el no querer verse relacionados con teorías absurdas ni siquiera para refutarlas. Sin embargo, esa postura está cambiando. Conforme avanza el interés de la sociedad por la Historia (y si alguien lo duda sólo tiene que ver la cantidad de revistas a ella dedicadas que existen en cualquer kiosco) se hace necesaria la divulgación seria y responsable.

Nadie debe considerar que, por ello, la Historia sea algo académico (en el sentido de aburrido) ni exclusivista, sólo accesible a un pequeño número de iniciados. Por el contrario, el conocimiento de la Historia es algo divertido y accesible a cualquier persona, sin otro requisito previo que el deseo de querer saber más.

Decimos que es divertida porque pocas hay más gratificantes que el comprender porqué la sociedad en la que vivimos es como es, cómo ha llegado la Ciencia a sus logros actuales, cómo han surgido las distintas teorías políticas, económicas, ideológicas... La Historia no es el aburrido aprendizaje memorístico de la lista de los reyes godos, de las fechas de mil y una batallas. La Historia es la comprensión de los procesos de causas y efectos por los que las cosas fueron como fueron y no de otra manera y la descripción de esos acontecimientos. La Historia no es un viejo libro polvoriento en un anaquel desvencijado, la Historia es dinámica y, pese a los pronósticos de algunos agoreros, no tiene fin. La Historia, en definitiva, también nos habla de nosotros mismos.

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